La calidad, la productividad y los costos, constituyen lo que se ha dado en llamar las tres dimensiones de la competitividad. Existen numerosas herramientas para mejorarlas, pero no se trata de recetas que puedan aplicarse en forma mágica. La experiencia indica que para ser exitosos en las organizaciones actuales se debe cumplir con una condición previa,se debe lograr un verdadero cambio de mentalidad del empresario, y consecuentemente de los demás integrantes de la organización. Pero una teoría se sustenta con demostraciones y hechos, y en este caso cuando llega la hora de llevarla al plano de la acción, la tarea no es fácil.

El secreto consiste en aceptar los cambios experimentados en la economía mundial, en atreverse a innovar, en no tender a planificar el futuro en base a experiencias del pasado y en erradicar conceptos sólidamente afianzados como los de creer que toda la solución debe provenir del Estado. Pero ser conscientes de que el primer paso de la calidad le corresponde a este último, como necesidad institucional y como máximo organismo orientador de políticas de mejoramiento.

Todo esto es indicativo de que los cambios más difíciles de lograr en una empresa, pública o privada, son aquellos que implican la modificación de una cultura, y esta transformación requiere modificar hábitos, actitudes, aptitudes, valores, principios, vicios y malas costumbres. Elementos que no están en las cosas, sino en las personas. La motivación para cambiar lo que hacemos en la actualidad es comprender que lo que nos hizo exitosos en el pasado quizá no sea la senda de un futuro promisorio. Para competir en el mercado global, es preciso desmantelar las administraciones verticales tradicionales y eliminar las funciones que no agregan valor al sistema de producción o de servicios.

Tenemos que reemplazar los planes derivados del egoísmo por el de la satisfacción y el estímulo de nuestros clientes. Es necesario adherirnos al cambio y hacer que nos motive, no que sea nuestro enemigo. Es necesario enfrentar los aspectos humanos, no sólo las cosas relacionadas con el equipo de computación y sus programas. Nunca como en nuestra época, las condiciones político-económicas han sido tan favorables a la libre y rápida circulación de las mercancías, por consiguiente, se necesita un sistema altamente competitivo y dinámico, capaz de responder con éxito a las variables del mercado.


Las características más sobresalientes de la civilización tecnológica son:

  • Economías multinacionales a “vasos comunicantes”.
  • Progresiva e irreversible liberación de los intercambios.
  • Economía de mercado.
  • Elevada velocidad de los medios de comunicación.
  • Alto nivel tecnológico con gran capacidad de innovación técnico productiva.
  • Tendencia a la preminencia de la oferta y saturación de mercado
  • Fuerte presencia en los mercados mundiales de la competencia oriental que ofrece productos en condiciones más favorables.

 

La empresa para ser competitiva debe estructurarse de forma flexible y dinámica cambiando las estrategias básicas tradicionales para alinearse a las nuevas condiciones de mercado. La revolución afecta a la misma concepción de la empresa, ya que se precisa, si fuera necesario, cambiar:

 

  • Las estrategias.
  • La organización.
  • La gestión operativa.
  • Los objetivos estratégicos:
  • La máxima satisfacción del cliente.
  • La calidad del producto/servicio y de los procesos.
  • La motivación y formación del factor humano.
  • El dinamismo y la flexibilidad estructural.
  • La mejora continua de los estándares alcanzados.

 

Los objetivos a lograr son los mismos de la gestión tradicional:

  • Maximizar ventas.
  • Minimizar costos.
  • Optimizar beneficios.
  • Garantizarlos a largo plazo.

 

En Calidad existe un axioma que expresa que “los estándares o niveles de desempeño alcanzados en la actualidad son los resultados de los esfuerzos del pasado”, los cuales sólo alcanzan para sobrevivir, para progresar y crecer se deben sumar nuevos esfuerzos, alcanzado el nuevo nivel, se debe comenzar otro ciclo, es decir, la disciplina de crecimiento sostenido está absolutamente ligada a la Calidad Total y a su “motor”, la MejorContinua. Han pasado ya unos años y las situaciones cambiantes, veloces y profundas, solicitan respuestas acordes, de estas necesidades surgieron los Modelos de Excelencia como herramientas superadoras de las Normas ISO 9000:2008, y su utilización aplicada se ha generalizado, en Estados Unidos el Modelo Malcom Baldrige y en la Comunidad Económica Europea el Modelo EFQM (Fundación Europea para la Gestión de la Calidad).
Este último Modelo se usa extensamente en Europa para la evaluación de la Gestión de la Calidad en los Estados de la Comunidad, Ayuntamientos, Universidades y empresas de producción y de servicio. Actualmente en España es utilizado por más de 3.000 organizaciones comprendiendo a empresas privadas y organismos estatales.
En 1999 nace el Modelo Iberomaericano, originado por la Fundación Iberoamericana para la Gestión de la Calidad (FUNDIBEQ), que si bien es prácticamente una copia del EFQM, su utilización estaría mejor asociada a nuestra región. También aparecen como un apéndice importante de la Calidad Total, a pesar que no pueden concebirse separadas, las normativas dirigidas a la industria de los alimentos, genéricamente denominadas como Calidad Alimentaria, recién se empiezan a tomar seriamente por los industriales, fundamentalmente aquellos que están ligados a la exportación.

Continuará…