Hasta el presente se han escrito innumerable cantidad de libros y trabajos sobre Calidad, sin temor a equivocaciones, se  puede decir que los últimos 20 años del siglo veinte han estado fuertemente ligados, internacionalmente, a los conceptos de su desarrollo e implementación, abordándolos desde diferentes ángulos y proyecciones.

Después de leer muchos libros  y otras publicaciones sobre el tema podemos considerarnos discípulos de todos aquellos a los cuales tuvimos acceso, ya que de cada uno hemos obtenido conocimientos invalorables, cada cual a su manera nos fue dotando de conocimientos, ideas, motivaciones y ayuda para ubicarnos en la profunda filosofía de tratar de alcanzar la excelencia, término muy fácil de resaltar pero utópico.

Si la excelencia es muy difícil de alcanzar para cualquier ser humano, esa dificultad se acrecienta notablemente cuando la queremos desarrollar en nuestro país (Argentina), no por considerar que somos, negativamente, diferentes, sino, que debido a nuestra idiosincrasia y a los acontecimientos que rodearon a nuestra historia de los últimos 40 años, estos conceptos son difíciles de incorporar, a pesar de ser muy fáciles de comprender.

El hecho  práctico  de implementar Calidad en empresas de diferente naturaleza y en diferentes lugares del país, nos ha enseñado mucho sobre nuestra realidad, nuestras dificultades, nuestras creencias, nuestras virtudes y nuestros defectos. En definitiva sobre nuestras aptitudes y actitudes para creer y adoptar cuestiones tan reñidas con nuestra visión y percepción de “grandeza” a la criolla.

Nuestra generación creció sabiendo que habitamos una porción territorial de este planeta que es muy rica en su diversidad, desde el punto de vista de la riqueza material que le adjudicamos los hombres a las cosas que nos causan satisfacción, diferenciación y poder. Pero no tenemos recuerdos de que nos explicaran que  esta riqueza no se generaba espontáneamente, sino que para obtenerla   se necesitaba contar con: objetivos, planificación, esfuerzos, rigor y disciplina.  Todo esto lo estamos descubriendo, dolorosamente, ahora cuando la riqueza ya no nos pertenece y deberemos pagar un alto precio social para que algunos la usufructúen en nombre de la globalización.

Al intentar contar experiencias respecto a los esfuerzos de implantar Calidad en nuestras organizaciones lo hacemos con el propósito de que las generaciones actuales y futuras comprendan que lo que nos va a transformar es la cultura del esfuerzo y del conocimiento, nunca la de la improvisación y el  determinismo, siendo esto último una práctica muy arraigada, que es dejar que otros nos resuelvan el problema.

La tecnología nos pondrá en pie de igualdad a todos los pueblos del mundo, sólo se distinguirán aquellos que tengan la mejor Calidad de sus grupos humanos, y esto sólo se consigue con conocimientos y su inteligente utilización.